Towards a New Urban Agenda: ¿La ciudad sometida al valor de cambio?

Joan Uribe, Giusepe Aricó y José Antonio Mansilla, Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU). Número 1.

Los días 16 a 18 de marzo tuvo lugar en Praga, República Checa, la reunión preparatoria de la región europea de cara a su participación en la tercera edición de UN HABITAT III, evento que se celebrará el próximo octubre en Quito, Ecuador. Al Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), con sede en Barcelona, nos interesó este hecho sobremanera ya que la persona que ocupa el cargo de Chairman sobre el tema en Naciones Unidas, es el ex alcalde de la capital catalana Joan Clos, el cual, desde el 2010, ocupa el cargo de Director Ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT). Es por este motivo por el que decidimos emprender el siguiente reportaje centrado, principalmente, en la intervención del político catalán. El eje sobre el que pivotó el encuentro fue el concepto de urbanization, que podríamos traducir en su acepción de “crecimiento urbano” y que ha sido recientemente incorporado como uno de los elementos clave para el desarrollo mundial.

Sería precisamente por esa razón que las regiones europeas se muestran actualmente obsesionadas por determinar los contenidos de una New Urban Agenda, que se aprobará en la próxima edición a partir de lo que resulte tanto de las diferentes reuniones regionales, como de lo que se discutirá en Quito. Se trata, sustancialmente, de elaborar y promover un enfoque de ciudad sostenible, saludable, inteligente, inclusiva, etc., aspectos que podrían ser catalogados como “ideales retóricos e imaginarios” con los cuales se pretende proyectar que, en el futuro, viviremos mejor en nuestras ciudades gracias a ellas mismas, aunque proyectando éstas no tanto como espacios de socialización y convivencia, sino como organizaciones administrativas y de control político bajo las directrices del mercado.

La apertura de la sesión inaugural, celebrada a las 10.00h., estuvo protagonizada por una serie de personajes claves, entre los cuales destacaron las intervenciones de Karla Šlechtová, Ministra para el Desarrollo Regional de la Republica Checa, y la del ya mencionado Joan Clos en calidad de Chairman de Habitat III, que abrió su discurso agradeciendo a todos los profesionales presentes de los distintos topics a debatir. Seguidamente, presentó a Habitat III como la gran ocasión para “abrirse” no sólo a las autoridades locales, a las que considera las principales destinatarias del programa, sino también a otros stakeholders, esto es, a los ciertamente etéreos grupos de interés de toda la vida que tratan de incidir –a menudo en su propio favor- en el proceso de toma de decisiones públicas. Efectivamente, Clos ni siquiera llegó a nombrar a dichos grupos y, sin embargo, advirtió sobre el futuro de la urbanización en los próximos 20 años anunciando, con cierto tono mesiánico, que asistiremos “a una gran transformación”.

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Manifestación contra los pisos turísticos en el barrio de la Sagrada Família. ABTS

Según el Subsecretario General de Naciones Unidas –cargo que Joan Clos ocupa conjuntamente al de Director Ejecutivo del Programa ONU-HABITAT-, el continente asiático, en particular China e India, habría sufrido y seguirá sufriendo una tremenda transformación, pues el paso de estos países de su condición rural a urbana nos afectará de forma global.[1] La ONU calcula que durante los próximos 20 a 40 años el total de la población mundial –actualmente estimada en 7.000 millones de personas- alcanzará la cifra de 9.500/10.000 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vivirán en ciudades. En palabras de Clos, “the urbanization growth will increase”, lo cual implicaría que lo que crece no serían tanto las ciudades, sino la expansión del proceso de urbanización de corte neoliberal que atenaza hoy día a las principales metrópolis.

Poco después, el ex alcalde volvió sobre sus pasos y admitió que el número de personas que viven actualmente en ciudades se doblará pasando de unos 3.500 millones de habitantes a un total aproximativo de 7.000 millones. A partir de ese momento, Clos empezó a utilizar un cierto tono dramático, señalando que ese crecimiento será tremendo, representando “un gran desafío para las próximas dos generaciones”, en definitiva, “una gran transformación planetaria” que no podemos ni siquiera imaginar. Clos sostuvo además que, desde una perspectiva global, la urbanización de algunas ciudades no contaría con estímulos ni incentivos suficientes y añadió que, a pesar de ello, las ciudades seguirán creciendo. Probablemente se refería al caso de algunas ciudades de Asia y África, las cuales crecerían al margen de las autoridades: un modelo a revertir con el objetivo de que las administraciones -mediante la planificación- lleguen a ser capaces de gestionar su desarrollo.

Así mismo, advirtió que el próximo octubre de 2016, en ocasión de la celebración de HABITAT III en Quito, se debatirán estas y otras muchas cuestiones y se preguntó: “¿Cómo conseguiremos adaptarnos al cambio para garantizar a las generaciones futuras sociedades que hereden un planeta “happily, organized, with human dignity?” A ese respecto, anunció con orgullo que en Quito se dialogará sobre “sostenibilidad del crecimiento”, un concepto que en el marco de los Social Development Goals (SDG) deberá aplicarse en términos de “susteinable development. Es remarcable la insistencia en estos objetivos centrados en valores e ideales -un mundo más feliz, un mundo más digno-, objetivos realmente importantes pero que, presentados al margen de otros tan importantes como el finalizar con la injusticia social, equilibrar el reparto de riqueza o extender la participación efectiva en el diseño de las sociedades por parte de una mayoría de sus integrantes, no dejan de ser una mera declaración de intenciones de tono moralizante y vacías de contenido político.

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Pancarta convocando a asamblea vecinal en la Rambla del Poblenou. José Mansilla

En esa dirección, el Subsecretario General afirmó que es crucial interesarse por el tema de “ciudades y desarrollo” para poder contribuir al dialogo sobre esa temática y que fue precisamente gracias a ese interés que, en la reunión celebrada en Nueva York en 2013, se consiguió incluir el término urbanization como nueva herramienta para el desarrollo sostenible de las ciudades. Así, recordó que en el pasado se contemplaban problemas de vivienda, agua, exclusión, etc., pero no se incluía “urbanización” como herramienta para proporcionar prosperidad y desarrollo, sino como parte del problema. “¿Que quiero decir con eso?”, se preguntó, pasando a explicar que la clave del éxito está en la compresión e inclusión del concepto de “urbanización” como herramienta de desarrollo: “Es importante porque nuestra economía está cambiando”, afirmó asimilando como algo lógico los conceptos de “desarrollo” y “urbanización” con los “procesos económicos”.[2]

Clos sostuvo que la economía, antes, se basaba en el sector primario y que luego pasó al sector secundario, la industria, pero el que tiene actualmente mayor proyección de futuro sería el sector terciario, que incluiría servicios como “turismo, viajes, enseñanza, publicidad”. Para Clos, los sectores que proveerían de trabajo hoy día son los que han sabido transformarse de primario a secundario, pero el 60% de la oferta laboral estará constituida por el terciario y se daría mayoritariamente en las ciudades. Así que éstas –dedujo- serían clave en relación al potenciamiento de la economía mundial. La cuestión aquí no es tanto determinar si Clos tiene razón o hasta qué punto la tenga, cuanto entender si lo que está afirmando, o cuanto menos insinuando, es que cada ciudad constituye potencialmente una gran empresa o, lo que sería aún peor, una franquicia de una empresa única de escala global.

Pasó luego a hablar de las subprimes y de la crisis de las hipotecas sosteniendo que precisamente factores como éstos manifiestan que “el sector industrial de China tiende al decrecimiento”. Sin embargo, poco después titubeó y lanzó la enésima gran pregunta: “¿Que nos enseña la crisis?” Para pasar a responderse a sí mismo diciendo que hace falta una nueva forma de producción y que la ciudad tenga un rol mucho más importante que antes. “¿Están vuestras ciudades en su máxima capacidad en orden a dar bienestar a su población?”, preguntó a los asistentes. Clos señaló que, entre dicho “bienestar”, cabrían “muchas cosas, como un cultural hub” y aseguró a los oyentes que, si se apuesta por una ciudad de modelo post-industrial, la probabilidad de crecimiento y de éxito será mayor.[3] Reconoció que gran parte del reto estará relacionado con generar “conocimiento”, cosa que requiere tiempo y formación específica, pero también el deber de invertir en la “city of the society” en los próximos 20 años.

Ligado a ello, sugirió que el modelo de las familias está cambiando en forma y medida y lanzó otra pregunta: “¿Cuál es la forma en que la ciudad se debe adaptar a ese cambio, que además avanza mucho más rápidamente que antes?”. Clos no dijo claramente a qué tipo de familia se refería, pero sí propuso un ejemplo concreto de “cambio”. Según el Subsecretario, lo que ha pasado en lugares como Detroit respondería de forma paradigmática a ese “cambio de modelo”, al cual la ex ciudad industrial no habría sabido adaptarse. Dicho de otra forma, razones objetivamente más incisivas como el cierre de las fábricas de producción de General Motors u otras compañías, emigradas a otros países para incrementar beneficios, no tendrían nada que ver con el supuesto cambio de modelo al que se refiere Joan Clos. Obviando cualquier tipo de teorización alrededor del concepto de “clases sociales”, sostuvo sencillamente que “los barrios arden en ciudades como Detroit porque los inmigrantes no están incluidos”.

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Pintada contra la consideración de la ciudad como mercancía en el Poblenou. José Mansilla

En este sentido, Clos estaría dando, sin saberlo, la razón a autores como Neil Smith, Mike Davis o Loïc Wacquant cuando sostienen que los discursos políticos y económicos –si es que no son lo mismo- tienden a reducir sistemáticamente las problemáticas sociales centradas en la reivindicación de derechos a cuestiones que se presumen básicamente “culturales”, “étnicas” o “raciales”, determinadas –cuando no provocadas- por inmigrantes “marginales y delincuentes”. Por otro lado, habló de “los jóvenes” diciendo que éstos sueñan con una ciudad utópica, una ciudad “abierta a todo el mundo, donde reine la convivencia, con diferente gente viviendo junta”, y se preguntó: “¿Esto está cambiando?”. En el futuro, sostuvo, veremos “una evolución”, que clasificó de gran “interés antropológico” en tres ocasiones distintas aunque pasó inmediatamente por encima de la cuestión social a lo largo de todo su discurso.

Finalmente, Joan Clos concluyó su intervención explicando que dicha “evolución” se articulará alrededor de 4 temas clave, de los cuales el primero es el tan trillado concepto de “desarrollo”. El segundo consistiría en el cambio climático, fenómeno que relacionó con el mismo proceso de urbanización que acaba de elogiar y sostuvo, con cierta dosis de cinismo, que las ciudades más desarrolladas son directa o indirectamente responsables de la emisión descontrolada de gases nocivos para el medioambiente. Reclamando el deber que tienen los gobiernos del mundo para encontrar soluciones al respecto, anunció que el tercer tema clave para el desarrollo sostenible de las ciudades consiste en producir más empleo y seguir siendo el “lugar del encuentro y de la diferencia”. También añadió que aquellas ciudades que concentren la mayoría de la oferta de trabajo, “deben manejar las migraciones”, cuestión relevante puesto que “probablemente continuaran por un periodo de tiempo en un mundo globalizado”. Según Clos, éste es un tema muy importante porque “las ciudades proveen las herramientas para integrar.

El cuarto y último tema clave traído a colación fue la desigualdad, cuestión que Clos argumentó diciendo que existen muchos trabajos mal pagados y que explotan al trabajador, a la vez que hay mucha segregación en las ciudades: “ricos a un lado, pobres a otro”. Afirmó que ese tema tiene mucha relevancia porque supone “importantes consecuencias, incluso para la paz”, y continuó hablando de “revueltas de trabajadores” mencionando también, como ejemplo de los riesgos que conlleva la existencia de desigualdad, que fue “un hombre inmolándose en Túnez en su protesta de orden socio-económico quien dio origen al terremoto político y social conocido como la ‘Primavera Árabe’”. Fue precisamente en ese punto cuando el Subsecretario no ofreció más razones que “la paz”, es decir, la ausencia de conflictividad por los derechos laborales como motivo para que no haya desigualdad. En definitiva, el mensaje aquí no sería reivindicar una lucha global y comprometida en contra de la segregación, la exclusión, la marginalidad, etc., sino la necesidad de abordar la desigualdad para acabar con la “conflictividad” que supuestamente caracterizaría a “los pobres” del mundo.

[1] En este sentido, es destacable la obra de Davis, M. (2007) Planeta de ciudades miseria, Madrid: Akal, donde el sociólogo incide en la influencia del sistema capitalista global en el desarrollo de las ciudades presentes y futuras.

[2] En este sentido, parecen cumplirse las afirmaciones de Lefebvre, H. (1972) La Revolución Urbana. Barcelona: Península, cuando, señaló que “la urbanización, que hasta aquel entonces parecía que únicamente acompañaba a la dinámica industrializadora, empezaba a sustituirla como determinante de los procesos sociales”.

[3] Ejemplos sobre cómo dicha apuesta genera un ciclo de especulación existen en la propia ciudad de Barcelona, donde él propio Joan Clos fue alcalde desde 1997 hasta 2007. Para una visión sobre el tema, puede verse el artículo Marrero, I. (2003) “¿Del Manchester catalán al Soho barcelonés? La renovación del barrio del Poblenou en Barcelona y la cuestión de la vivienda”, Scripta Nova, 146 (137) vol. VII.

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